Astronomía en el Arte Paleolítico
El Arte Paleolítico me ha gustado desde siempre. Me fascina la sensación de estar en el mismo rincón de una cueva en la que hace miles de años otra persona grabó o pintó unas figuras. En la misma sala en la que hoy se puede admirar los magníficos bisontes de la cueva de Altamira (Santillana del Mar), estuvo el autor que las creó. Esta persona sintió el mismo frío y experimentó la oscuridad de la cueva, y en ese mismo lugar pero en un momento diferente tomó la determinación de crear una obra que nos ha llegado a nosotros en un estado muy parecido al original.
Mi otra pasión es la Astronomía, a la que me dedico como profesión, así que es natural que siempre haya querido encontrar referencias a temas astronómicos en el Arte Prehistórico. Los motivos asociables al Sol, la Luna o las estrellas son frecuentes en las pinturas prehistóricas de la época del Neolítico y posteriores. Sin embargo, no se ha podido demostrar hasta ahora que el arte que pintaron las personas del Paleolítico Superior en nuestras cuevas tenga ninguna referencia incontestable a nada relacionado con el firmamento. Varios investigadores están convencidos de que en la cueva francesa de Lascaux una acumulación de puntos negros corresponden a una representación de Las Pléyades, o que el famoso techo de los animales polícromos de Altamira sería un zodíaco. Esta hipótesis de trabajo se ha dado en conocer como la teoría de la Aqueoastronomía global.

Especialmente atractivo me resultó una publicación del Dr. M. Rappengluck, del Institute for interdisciplinary Science (INFIS, Munich). En ella analizaba una serie de siete peuqeños discos rojos que configuran una especie de guirnalda del denominado friso de las manos, en la cueva del Castillo (Puente Viesgo). El trabajo presenta evidencia de que los puntos podrían ser una representación de la constelación de la Corona Boreal. Yendo más allá, este autor estudia con detalle las posiciones relativas de los puntos para compararlas con las distancias que tuvo que haber entre estas estrellas en las diferentes épocas del Paleolítico debido a que están dotadas de un movimiento propio en el cielo que las hace cambiar su posición ligerísimamente con el paso de los siglos. Al final del artículo aventura una posible fecha de ejecución.
| Fascinado por este trabajo, decidí comprobar el caso por mí mismo. Tras una labor bibliográfica, encontré que el estudio se basaba en un calco de las pinturas publicado en 1935 por los profesores Breuil y Obermaier en su libro “la cueva de en Santillana del Mar”. También se referencia una contribución a un congreso por parte de E. Anati, en 1991. No obstante, el investigador alemán no especifica en su trabajo si tuvo la oportunidad de realizar su estudio “in situ” sobre el original de la cueva. Dispuesto a comprobar todos los detalles por mí mismo, organicé un viaje para visitar la cueva del Castillo. | |
|
Mis primeros intentos fueron entrar como un componente más de los grupos diarios de turistas visitantes, pero la experiencia fue horrible, ya que según nos acercábamos al friso de las manos, el guía siempre paraba solo brevemente para centrarse en las figuras de animales y manos. Estaba decidido a ver los famosos puntos, así que decidí escribir a la Comunidad de Cantabria. La reacción de la administración fue ejemplar, y rápidamente me pusieron en contacto con el Dr. Marcos García. En pocos días me cité en la cueva con este experto, que se ofreció a ser mi guía. Tras explicarle cual era el motivo concreto de mi estudio, nos introdujimos directamente en la cueva y nos dirigimos directamente al friso de las manos. Lo primero que comprobé es que las figuras no eran tan fácilmente apreciables como las había pintado el abate Breuil, sino que los contornos eran mucho más difuminados y era muy dificil delimitar con exactitud las figuras. |
Estando ya tirados en el embarrado suelo de la cueva y en una postura casi imposible, rápidamente comprobamos que no era evidente identificar la guirnalda de puntos que se suponía representaba la Corona Boreal. En esto llegó un guía con su grupo, por lo que nos convertimos en el centro de atracción de todos los turistas. Tras el primer grupo llegaron rápidamente otro y luego otro. Una vez solos, dedicamos más de una hora a intentar reconocer los puntos que buscábamos, pero ni el ojo experto de mi guía ni yo pudimos identificar sin dudas los siete puntos que buscábamos.
Ni que decir tiene que mi decepción fue enorme, ya que iba preparado para tomar medidas precisas de las distancias relativas de los siete puntos. Desconozco si el investigador alemán pudo visitar la cueva, pero creo que para su análisis ha utilizado el dibujo de Breuil. E mi opinión este último no fue exacto en la reproducción sino que hizo un esquema a mano alzada de lo que vió en aquel momento. La hipótesis de una degradación irreparable de las figuras posterior al estudio de Breuil quedó descartada por el jefe de guías de la cueva, José María Ceballos, que nos garantizó que aquella zona de la cueva presentaba las pinturas en un estado prácticamente igual a cuando realizó sus visitas el prehistoriador francés.

Ambos guías se comprometieron conmigo a que volverían a buscar los puntos de interés, por lo que el tema aún no está zanjado definitivamente. No obstante, me temo que la evidencia no es suficientemente clara, por lo que seguiré buscando otros casos que sean menos ambiguos. Al fin y al cabo, los lectores estarán de acuerdo conmigo en que los hombres y mujeres del Paleolítico debieron de tener el firmamento muy presente en sus vidas, por lo que me parece sorprendente que no lo reflejaran en su arte.
AUTOR >> Jesús Gallego - Universidad Complutense de Madrid
Créditos
Cueva de Lascaux - M. Rappenglueck
Saber más
Breuil, H., y Obermaier, H. (1935). La Cueva de Altamira en Santillana del Mar. Tipografía de Archivos, Madrid.


















delicious
digg
Google











