Los astrónomos nunca dominan el mundo
Desde siempre me ha gustado el cine. Supongo que parte de la culpa la tiene mi padre, que desde que yo era un chavea que apenas levantaba un cuarto de palmo del suelo, me sentaba delante del televisor cada vez que programaban en alguna de las dos únicas cadenas que había por entonces, alguna película que él considerara de obligado visionado. La verdad es que yo no entendía gran cosa de aquellas imágenes en blanco y negro (más tarde descubrí que muchas eran en color y que el blanco y negro lo ponía nuestra vieja tele) pero un hijo nunca debe defraudar el espíritu educador de su padre.

Poco a poco fui creciendo rodeado de esta prole de fracasados de elevadas expectativas que, por alguna u otra razón, nunca lograban su elevadísimo objetivo: la dominación total de este planeta por muy inverosímil que fuera el mecanismo empleado; desde la resurrección clónica del Tercer Reich con la que Dr. Joseph Mengele se adelantaba en un par de décadas a la oveja Dolly en “Los niños del Brasil” (1978); hasta la resurrección de los muertos del Dr. Herbert West en la histriónica “Re-animator” (1985); o toda la retahíla de planes subversivos de los mega-villanos que aún pueblan la extenuante saga de James Bond. También los había que no pretendían dominar el mundo pero hubieran podido hacerlo con bastante facilidad de haberlo querido, como hubiera sido el caso de Andre Delambre, de no haberse metido un maldita mosca en su máquina de la teletransportación, o el del entrañable Dr. Emmett Brown, capaz de dominar el tiempo con un condesador de fluzo montado en un DeLorean

Con semejante bagaje entenderán que llegado el momento decidiera embarcarme en una carrera científica, dispuesto a emular a mis ídolos y resarcirles de su mala fama y continuos fracasos. Y aunque la disciplina científica más frecuentada por nuestros enajenados sabios es la medicina y la genética, decidí decantarme por la física, que tampoco está nada mal a la hora de disponer de una buena y competitiva formación en técnicas de dominación del mundo.

Después de esto, el papel de los astrónomos en el cine se ha limitado a servir de heraldos de algún inminente e inevitable cataclismo cósmico que extinguirá la vida en la Tierra (o al menos la de Estados Unidos), ya sea por el impacto contra un enorme asteroide, como en “Deep Impact” (1998) o en la inefable “Armaggedon” (1998), o incluso contra toda una estrella errante, como en “Cuando los mundos chocan” (1951). Esto, o campar como almas en pena, intentando infructuosamente convencer al personal de la inequívoca existencia de vida extraterrestre inteligente, como la Dra. Ellie Arroway en “Contact” (1997), o Zane Zaminsky en “The arrival” (1996), interpretado por Charlie Sheen, y casi con seguridad el astrónomo con menos glamour de la historia del cine.

Y últimamente la cosa no mejora. O se meten a voyeurs, aprovechando su sistemática y paciente capacidad de observación, como el desengañado astrónomo capaz de predecir supernovas de “Adictos al amor” (1997); o andan en plena crisis de los cuarenta, como el g-astrónomo de “Un toque de canela” (2003); o ya en el colmo de la decadencia científica, se meten a astrólogos como Nicolas Cage en “Señales del futuro” (2009). También existe la posibilidad de que acaben despedazados por una horda de fanáticos religiosos como la Hipatia de “Agora” (2009); o tragados –literalmente- por el Sol, como el ingeniero astrofísico de “Sunshine” (2007), que visto lo visto, quizá sea el final más digno que pueda tener un astrónomo en el cine de hoy en día.

Para una astrónoma que tenemos en el cine, nos la despedazan...
En fin, como ven, los astrónomos no solo no conquistamos este planeta, sino lo que es peor, ni lo intentamos. En el cine somos una especie de chupagaitas de cuidado, ¡y pensar que en tiempos podíamos doblegar pueblos enteros con solo predecir algún eclipse que otro! Quizá debería seguir los consejos de mi padre, replantearme mi formación y comenzar una nueva carrera que sí me permitiera dominar el mundo, o en su defecto, reducirlo a cenizas. Quizás me haga alto ejecutivo de una sociedad bancaria.
AUTOR >> Emilio J. García
Créditos
Imágenes de "Metrópolis", "Regreso al futuro", "Viaje a la Luna", "Contact" & "Agora"




















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